Fobia

Caso real de paciente que desarrolló fobia a los lugares abiertos

(He modificado algunos datos para mantener el anonimato)

La paciente es una señora mayor, que acudió a terapia por primera vez en su vida porque manifestó que nunca había tenido ningún problema anteriormente. Consulta porque desde hace varios meses siente mucho miedo a salir de su casa y concurrir a cualquier lugar donde haya gente, como ser un supermercado, negocios, shoppings e incluso reuniones familiares. Reconoce que el problema comenzó a manifestarse 1 año después que ingreso el Covid-19 a Uruguay, momento en que finalizaba la cuarentena más estricta.

Toda la atención con el paciente la hicimos a distancia, pues su problema la inhabilitaba completamente para acudir a un consultorio, motivo por el cuál la única opción para ella era buscar un psicólogo en línea.

Sus síntomas eran los típicos de una agorafobia o miedo a estar en lugares abiertos, públicos o donde haya gente. Por momentos se obligó a salir, impulsada por su familia y los síntomas aumentaban experimentando sensación de perder el control, ahogamiento, temblor, taquicardia. Reconoce también que esta situación la hacía sentir deprimida pues no tenía esperanzas de curarse y quedar así para siempre.

La agorafobia es un miedo intenso y persistente a lugares o situaciones donde escapar puede ser difícil o embarazoso, y  está relacionado con la forma en que el cerebro procesa las emociones y la percepción del peligro. Esto activa un mecanismo de alerta y prepara al cuerpo para “salir corriendo” o “defenderse” y en algunos casos a “quedar paralizado”. En la medida que no sea tratado rápidamente, comienzan a aparecer síntomas de depresión, lo que retroalimenta los síntomas de agorafobia.

El tratamiento de este tipo, a diferencia de lo que se piensan los pacientes,  suele ser bastante rápido y eficaz, de hecho con la paciente trabajamos durante 2 meses en sesiones de 1 vez a la semana.

Inmediatamente comenzamos con técnicas de reducción del estrés y ansiedad para que pueda comenzar a dormir mejor y estabilizarse. A la siguiente sesión trabajamos con la agorafobia y ya para la sesión posterior manifestó “me animé a visitar a mi hijo, que está con su esposa y sus hijos y sobrinos, éramos como 10 y me sentí bastante bien”. El tratamiento siguió y su progreso era notorio semana tras semana relatando con entusiasmo que había ido a la verdulería y al supermercado. Seguimos con la sesiones y su progreso seguía en aumento y para el final del mismo podía contar con mucha alegría lo “rápido que se había curado” y me contaba sobre su deseo de viajar a Brasil en avión y que ya había averiguado vuelos, hoteles y más.