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Paciente: “No puedo más de Estrés”

 

(Caso real de paciente que consulta por estrés y ansiedad. Modifico algunos datos como su nombre y otros para mantener privacidad)

Este tipo de malestar es muchísimo más frecuente de lo que creemos; solamente en Uruguay el 45% de la población adulta ha presentado síntomas vinculados al estrés alguna vez en su vida.

Sin embargo la mayoría de las personas no consultan porque creen que podrán solas encontrar una solución  o por sentir vergüenza en incluso también por creer que “así es la vida y hay que aguantar”. Pero las estadísticas también muestran que de la población con estrés el 70% tienen síntomas físicos como taquicardia, alta presión, dolores musculares, dolor de cabeza, boca seca, zumbido de los oídos, dificultades para tragar y contracturas musculares.

Es típico que las personas con estrés tengan esa idea de creer que solos podrán con el estrés, porque forma parte de su patrón de pensamientos: “Yo solo puedo con todo”, “tengo que poder”, “debería poder”.

El paciente que atendí, José, de 45 años, padre de 2 hijos adolescentes y casado hace 20 años, es comerciante desde hace más de 25 años. Ingresa a consultorio y enseguida comienza a describirme los síntomas de como el vive su estrés: “estoy estresadísimo, me cuesta mucho dormir porque siento permanentemente un zumbido en los oídos, a veces siento que me falta el aire, no puedo dejar de pensar en todo lo que tengo que hacer al otro día…”.  También relata que  “los fines de semana no puedo estar un minuto quieto, siempre tengo que estar haciendo algo productivo”. Hace mucho tiempo no se toma vacaciones porque las considera una pérdida de tiempo, excepto algunos días que cierra su negocio en el mes de enero, aunque reconoce que no las puede aprovechar bien porque no logra “desenchufarse”.

José en todo momento prefirió un psicólogo en línea porque la “pérdida de tiempo” que significaba para el ir a un consultorio le hubiera impedido hacer terapia.

En los problemas como el que trae José, lo primero que hago es aplicar urgente el protocolo adecuado porque su salud puede estar en peligro. Inmediatamente acordamos visita a médico de medicina general, quien ordenará chequeos de sangre y orina y además lo derivará a un cardiólogo y otros especialistas de ser necesario. Esto es siempre lo primero que debemos hacer los psicólogos, para luego comenzar con las siguientes etapas del tratamiento.

También en la primer sesión aprovecho para psicoeducar sobre el estrés y enseñarle la primer herramienta para que ya mismo comience a reducir su nivel de ansiedad. José si bien no tiene depresión aún, está comenzando a tener algunas aproximaciones que en un futuro podrían generar depresión. Por ejemplo la ausencia de disfrute de la vida y el no dedicar tiempo al ocio, es probable que desencadene un cuadro depresivo futuro, por este motivo apliqué como tarea para realizar en línea ciertas evaluaciones que midan su nivel actual de ansiedad y depresión.

José tuvo en todo momento una actitud muy proactiva para resolver su problema y el resultado ya se notaba en la siguiente sesión en que manifestó: “pude dedicar todos los días a relajarme un poco” mediante la herramienta que le ofrecí. Si bien esta no es la solución definitiva a su estrés, es un primer paso para lograr cierta autorregulación y continuar con las siguientes fases del tratamiento.

En las siguientes sesiones, comenzamos a profundizar en el tipo de creencias que nos llevan a las causas de su estrés. ¿Porqué José se estresa? Más allá de que su trabajo puede ser estresante, ¿porque hay personas ante una misma situación se toman las cosas con calma y parecen no desbordarse por los problemas y otras personas lo toman con mucha ansiedad y preocupación? La respuesta puede estar en el conjunto de creencias que la persona tenga, las cuales forman parte de su personalidad y comportamiento.  Para aproximarme más a las creencias de José le pedí que me describa una situación estresante de su trabajo y me cuente que es lo que el piensa o cree de sí mismo respecto a esa situación. José me decía que su momento más estresante es cuando tiene que pagar a sus proveedores de mercadería, momento que suele vivir con mucha ansiedad y angustia por lo que “intento pagarles cuanto antes así zafo de eso”. Le pregunto entonces ¿que pensas de ti mismo ante ese comportamiento de pagarles cuanto antes? y me responde “que tengo que hacerlo, que tengo que poder”. Es típico de las personas con estrés que sus pensamientos incluyan la forma “tengo que….” o “debería poder….”. Pero yo quería aproximarme más aún a algún tipo de pensamiento más profundo, digamos al porqué una persona piensa que “tiene que” o “debería…” Entonces le pregunto ¿Dime José, que pasaría si no le pagas?, me responde “es horrible, de hecho nunca me pasó en toda la vida … no quiero ni imaginarlo”. Le pido entonces que por una vez se “imagine” que efectivamente no puede pagar, ¿que pensarías de vos?; se toma un momento para responder, mientras respira profundo, se lo ve un poco incomodo, cierra sus ojos y luego me mira y responde “que no soy nadie”.  Si bien, obviamente es incómodo para alguien pensar de sí mismo algo tan negativo, en este momento hay un antes y después en el proceso terapéutico, porque finalmente conocemos la creencia negativa de sí mismo que alimenta el estrés una y otra vez.

En este momento comenzó la siguiente fase del tratamiento, una vez identificada su creencia negativa central, en las siguientes sesiones comenzamos a trabajar con ella, entonces sigo indagando más y le pregunto por cuando fué la primera vez que recuerda haber pensado o sentido “no ser nadie” y comenzó un viaje hacia su pasado que lo llevó a su pasaje por la primaria el cuál ahora puede reconocer, por primera vez en su vida, que lo vivió con una continua sensación de ansiedad porque siempre necesitaba aparentar que todo estaba bien, pero por dentro estaba todo muy mal. mal. En ese simular que está todo bien comenzó a desarrollar capaz de creencias como “tengo que estar bien”, “tengo que ser fuerte” y “debería poder con toda la tarea yo solo”, con el objetivo de ocultar su creencia central en ese momento “soy inferior a todos mis compañeros”.

Con José hicimos un trabajo de reprocesamiento de varios eventos de su vida en los que se sintió inferior a los demás o sintió no ser nadie. Sus síntomas de estrés seguían al principio casi en el mismo nivel, sin embargo sesión tras sesión el fue reconociendo su patrón de comportamiento y de creencias y de pronto un día en su trabajo se dio cuenta de un cambio importante que había tenido con un proveedor que fue a visitarlo simplemente para consultar si necesitaba mercadería y a quien en otro momento José hubiera aprovechado para pagarle lo que vencía dentro de 15 días y casi que sin pensarlo le dijo “¿está bien si te pago la semana próximo?”, a lo que el proveedor respondió “si claro, si tu vencimiento es la próxima semana, es más, no entiendo porque siempre me querés pagar antes”. Parece algo sencillo y anecdótico, pero para José significo un cambio enorme en su vida, porque no solamente había comenzado a reducirse su estrés, sino que ahora tenía un autoconcepto de si mismo mucho más positivo, flexible, adaptable y asertivo.

El tratamiento con José fué de unos 5 meses  y con resultados muy positivos. Al final del mismo me planteó el trabajar en su zumbido de oídos, pues el médico le dijo que con eso iba a cargar toda su vida y no había cura. Sin embargo con el protocolo que aplico se logra reducir la respuesta que la persona tiene ante ese estímulo que es el zumbido, y en solamente 2 sesiones más, el zumbido prácticamente que dejó de sentirlo: “es como si estuviera, pero es tan suave que ni me molesta…nada que ver a como era antes que no me dejaba dormir”.